Cómo transformar las visitas al pediatra

Cómo transformar las visitas al pediatra

Llegamos a la consulta del pediatra y solo entrar por la puerta, nuestro pequeño se pone a llorar desconsoladamente. ¿Os ha pasado alguna vez? ¿Queréis que os de unos trucos para intentar que los niños/as pierdan el miedo al pediatra?

A veces, ir al médico puede asustar. Nos asusta a los adultos, como puede no asustar a los niños.

Como pediatra, uno de mis objetivos principales en la consulta siempre ha sido como mejorar mi entorno, mi actitud, mi comportamiento para intentar disminuir ese miedo y acompañar a los pequeños en este momento de ir al médico.

Y es que el miedo no es malo, ya lo sabéis, no hay emociones buenas ni emociones malas. El miedo se tiene que respirar y se tiene que afrontar, pero sí que creo que hay pequeños actos que los adultos podemos hacer para sobrellevar mejor la situación.

Yo intento hacer muchos en mi consulta, algunos de ellos son pequeños secretos, pero en esta ocasión, me gustaría daros algunos consejos a las familias.

Una encuesta realizada en un hospital de Michigan presentó unos datos sobre el miedo al pediatra muy interesantes.

La mitad de los niños de 2 a 5 años tenían miedo de ir al pediatra. En la mayoría de los casos su principal preocupación era recibir un pinchazo por una vacuna (un 66% de los niños de 2 a 3 años y un 89% de los niños de 4 a 5). La segunda razón que infundía el miedo era estar en contacto con un extraño (43%).

Además, 1 de cada 5 padres confesaron que tenían dificultades para concentrarse en lo que el médico o la enfermera les estaba diciendo porque estaban pendientes de cómo lo pasaba su hijo/a y un 9% no expresaron sus preocupaciones ni preguntaron sus dudas por este mismo motivo.

Un 4% de los padres habían pospuesto alguna vacuna para evitar este miedo que tenía su hijo/a a los médicos y un 3% había incluso cancelado o retrasado la revisión entera.

Una vez leídas estas estadísticas, sin duda creo que entre todos podemos mejorar el vínculo que se crea entre pediatra y familias.

¿QUÉ PODEMOS HACER ANTES DE LA VISITA?

  • Dedicad tiempo a escoger vuestro pediatra, es importante, porque va a cuidar de lo que más queréis en este mundo: vuestros hijos. Empezad a buscar durante el embarazo, sin prisas. Por supuesto tenéis que tener en cuenta su experiencia y formación, pero también el trato con los pequeños, su personalidad y su forma de trabajar en la consulta. Sin duda la confianza es clave, que os sintáis cómodos en la consulta, que sea accesible para poder traspasarle todas vuestras dudas. Además, si el niño observa a sus padres y les ve tranquilos y confiados con su pediatra, él se sentirá más seguro. Sentirá que la consulta es un espacio agradable y no sentirá rechazo.
  • No mintáis ni hagáis promesas falsas. En la encuesta que os he comentado previamente, 1 de cada 4 padres confesó haberle dicho a su hijo que en la revisión no pondrían vacunas simplemente para que estuvieran tranquilos (aunque supieran que sí tocaba poner vacunas). Esto puede conducirnos a dos posibles escenarios:
    • Cumplimos nuestra promesa y no le ponemos la vacuna y la posponemos. De esta forma se retrasa la administración de la vacuna, cosa que no es una situación ideal y además nos encontraremos en la misma situación en unos días o semanas. ¿Qué haremos entonces?
    • Rompemos nuestra promesa. En este caso, perderemos nuestra credibilidad y aumentaremos la ansiedad para las próximas visitas ya que no confiará en nosotros si en otra ocasión le decimos que no le pondrán vacunas (aunque sea cierto).
    • Si el niño pregunta si le pondrán una vacuna, deberemos responderle con sinceridad y honestidad. Si lo desconocemos, le podemos decir que no lo sabemos pero que no se preocupe que cuando lleguemos a la consulta del médico se lo preguntaremos.
  • Nunca usar frases negativas o peyorativas respeto al médico o las inyecciones. Ejemplo: “si no te portas bien, el médico te pinchara”, “pórtate bien o te pondrán una vacuna”… Las vacunas no deben usarse como método de castigo.
  • Practicar en casa. Una forma muy divertida y fácil de establecer una buena relación con los médicos es jugar a médicos en casa con un kit de médicos. Podemos de esta forma aprovechar para hablar de todo lo que pasará en la consulta, paso por paso. Intentad usar vocabulario médico como pediatra, enfermera, sala de espera, revisión, vacuna, fonendoscopio, otoscopio… Haced revisiones a los muñecos, miradles la boca, los oídos, ponedles vacunas y sus tiritas. Utilizad los nombres correctos de los aparatos de tal forma que si el pediatra usa ese término en la consulta el niño no se alarme. Yo siempre propongo a las familias que los niños traigan su kit de médico a mi consulta, así se pueden convertir en mi mejor ayudante. También podemos usar otros recursos como libros que hablen de este tema.
  • El día de antes o unas horas antes (no hace falta con mucha antelación), explicadle que iréis al pediatra a hacer la revisión, lo que va a pasar y qué deben esperar de la consulta. Explícaselo con detalles, no con generalidades. Por ejemplo, en vez de decirle “iremos a hacer la revisión”, dile “primero esperaremos en la sala de espera, luego te desvestiremos, escuchará tu corazón y te tocara la barriga…”. Pregúntale si le preocupa algo y escúchale con atención. A veces tienen miedo que les duela mucho o que ir al médico signifique que estén enfermos.
  • Intentad buscar un horario de revisión que no interfiera mucho con la siesta o la hora de comida de vuestro peque. O que no esté especialmente cansado. Si tiene alguna necesidad básica no cubierta, como puede ser el hambre o el sueño, es más probable que no esté predispuesto a colaborar. Esto se debe tener en cuenta especialmente para las revisiones que son citas programadas y previsibles.

¿QUÉ PODEMOS HACER EN LA CONSULTA DEL PEDIATRA?

  • Principal: transmitir calma. Es normal que las familias estén preocupadas si su hijo está con fiebre o si le ponen sus primeras vacunas, pero debemos intentar transmitir calma a nuestros hijos para no contagiarles ese nerviosismo y que vean que nosotros nos ocupamos de la situación. El mayor miedo que podemos tener es a lo desconocido. Ser su ejemplo y mostrarnos relajados.
  • Validar sus emociones. Entiende que puede tener miedo a lo desconocido, a si le dolerá, a si el médico le tocará con las manos frías, a lo que le harán. No le digas frases que quiten valor a esa emoción tipo “esto no es nada”, “es una tontería”… Ofrécele tu mano y compañía, le puedes responder con frases tipo “entiendo que tengas miedo por si te dolerá el pinchazo pero yo estaré aquí a tu lado y me puedes apretar muy fuerte la mano para que te duela menos, tu puedes con esto”.
  • Yo siempre aconsejo llevar un objeto de apoyo o alguna distracción, para que la espera sea más agradable. Además, si llevan consigo su peluche favorito, puede servirnos para hacer antes las maniobras en el peluche (como por ejemplo mirarle los oídos) para que vea cómo lo hacemos. Y no hay reglas en relación a las pantallas mientras estamos vacunando, le podemos poner un video de su canción favorita, no hay problema.
  • Preguntad a vuestro pediatra sobre qué recursos usa para intentar disminuir el dolor de las vacunas.   
  • Mientras el pediatra está haciendo la revisión, ponte cerca, dale la mano, háblale, cántale su canción favorita, acaríciale. Un bebé o niño se puede llegar a sentir muy vulnerable tumbado en una camilla solo, si tiene a su mamá o papá cerca seguro que se siente mejor. Hay partes de la exploración que se pueden hacer con el bebé en brazos o en el regazo, por lo que puede ser una buena alternativa también.

¿QUÉ PODEMOS HACER DESPUÉS DE LA VISITA?

  • Ten una actitud positiva al salir del médico. Regálale abrazos, besos, cosquillas y frases reconfortantes como “has sido muy valiente”, “puedes explicarle a los amigos de la clase o a los abuelos lo bien que lo has hecho” “qué bien que el pediatra te haya felicitado”. Aprovecha para recordarle momentos agradables de la consulta, por ejemplo si el médico le dio una pegatina. No recurras al chantaje ni a las recompensas, porque si tu hijo lo pasa mal durante la visita y llora o no logra manejar los nervios, creerá que ha fracasado y eso le hará sentir peor.
  • Cuando lleguéis a casa, contádselo a los abuelos, a los amigos… Explicad la situación de una forma positiva y dejad que sea él también que exprese cómo lo ha vivido. Eso también os puede dar pistas a vosotros para afrontar la próxima visita y detectar sus miedos y preocupaciones.  


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *