Imagínate tener seis años y que, de un día para otro, tu forma de comer tenga que cambiar.
Dejar de comer cosas conocidas, aprender normas nuevas, hacer preguntas que no siempre saben responder… Esto es lo que viven muchos niños y niñas cuando reciben un diagnóstico de celiaquía.
En consulta, este momento es clave. No solo por la información que damos, sino por cómo la damos.
Cuando hablamos de celiaquía con un niño, no basta con decirle qué puede y qué no puede comer. Para que pueda cuidarse de verdad, necesita entender:
- qué le pasa a su cuerpo,
- cómo funciona su sistema digestivo e inmunitario,
- por qué el gluten no le sienta bien,
- y por qué comer sin gluten es una forma de cuidarse, no un castigo.
La comprensión reduce el miedo, y sentirse capaz aumenta la seguridad.
Una visita pensada para la infancia
Cuando un paciente recibe un diagnóstico de celiaquía me gusta hacer una visita especial, una sesión con un enfoque psicoeducativo y emocional, adaptado a su edad.
Empezamos explicando el funcionamiento del cuerpo humano, especialmente el sistema digestivo y el sistema inmunitario, usando metáforas sencillas, dibujos y un muñeco. El objetivo no es dar una clase, sino construir sentido: que pueda entender qué pasa dentro de su cuerpo. Después hablamos específicamente de la celiaquía: qué ocurre cuando entra gluten en el cuerpo y por qué, aunque a veces no duela, puede hacer daño por dentro.
Aprender a cuidarse con el juego
Luego trabajamos con un semáforo de alimentos. A través de imágenes, clasificamos juntos los alimentos en tres grupos:
- los que contienen gluten,
- los que son seguros (no contienen gluten),
- y los que hay que preguntar o revisar.
Este tipo de dinámicas no solo enseñan, sino que dan autonomía. El niño o niña deja de ser pasivo y empieza a sentirse parte activa de su cuidado.
Dar espacio a las emociones
Un diagnóstico también mueve emociones: rabia, tristeza, miedo, confusión, inseguridad, preocupación… y a veces alivio.
Durante la visita dedicamos un espacio explícito a nombrar y validar emociones, utilizando tarjetas emocionales y un termómetro de bienestar emocional. También trabajamos situaciones cotidianas que pueden generar dudas o ansiedad, como por ejemplo, cómo responder si alguien nos ofrece comida.
Y finalizamos la sesión con un pequeño ritual de cierre personalizado en el que participó. Fue una bonita forma de cerrar la sesión.
Acompañar un diagnóstico también es educar
La celiaquía es una condición crónica, pero bien acompañada puede integrarse de forma saludable en la vida del niño o niña y de la familia.
Cuando explicamos desde el cuerpo, el juego y las emociones:
- reducimos la ansiedad,
- fomentamos la autonomía,
- mejoramos la adherencia al tratamiento,
- y ayudamos a que el niño o niña crezca con confianza.
Porque cuidar no es solo tratar. También es acompañar, explicar y dar herramientas desde el primer momento.
Y en este vídeo hice un pequeño resumen de la sesión: https://www.instagram.com/p/DSavyORiJmf/

