Criar ahora vs criar en los 80’s

Criar ahora vs criar en los 80’s

Está claro que la forma de criar ha ido evolucionando con el paso de los años. Nuestros abuelos no criaron a nuestros padres igual que nosotros lo hacemos ahora, y también a nosotros nos han criado diferente. Generación tras generación hemos ido cambiando.

Y lo cierto es que cuando nos planteamos ser padres, una de nuestras mayores preocupaciones es si sabremos educar bien a nuestros hijos. Pero, ¿qué es educar bien?

Nuestras raíces parten de un mundo adultocéntrico y de una disciplina autoritaria. Un mundo donde los niños y las niñas pasaron a un segundo plano. Donde se pensaba que tenían rabietas para fastidiarnos, que lloraban para llamar la atención o que pedían demasiados brazos. Donde poníamos toda la responsabilidad sobre ellos, donde la culpa era suya.

En los 80’s se entendía la familia como ese grupo creado por padre, madre e hijos. Hemos entendido que la palabra familia va mucho más allá de eso, que una familia puede no querer tener hijos, que las familias pueden ser monoparentales, adoptivas, con dos padres o con dos madres. Y que para ser una familia lo único que necesitamos es amor, respeto y hacer piña.

En los 80’s la gran carga de la crianza de los hijos/as la asumía la mujer. Se daba por hecho que era la madre quien debía dejar de lado su carrera profesional para dedicarse a la maternidad. El papel del padre en la crianza ha mejorado mucho, cada vez más se comprende que las tareas y la crianza son responsabilidad de ambos y que por eso se reparten. Y aunque todavía queda mucho trabajo por hacer, espero que pronto también se valore por igual la carrera profesional de la mujer y la del hombre antes y después de ser padres.

El sueño, el gran enemigo. Dejar llorar, maldecir el colecho, ignorar hasta que vomiten, decían algunos. Espero, a día de hoy, que todos tengamos claro que ese no es el camino. Que se puede practicar un colecho seguro y que eso en muchas ocasiones favorece el mantenimiento de la lactancia materna. Que dejar llorar crea una huella negativa en el vínculo y en el apego para toda la vida. Y que los niños dejan de llorar porque pierden la esperanza en que vayan a socorrerles, no porque “aprendan” a dormirse solos. ¿Cómo podemos pedir a un bebé que sea capaz de dormir solo en su cuna después de estar 9 meses en el vientre materno? ¿Por qué los adultos queremos dormir acompañados, pero en cambio, reclamamos a un indefenso bebé de meses que duerma solo en su cuna en su habitación?

Ay los brazos, que malos eran los brazos en los 80’s. Se acostumbrará, si los coges demasiado en brazos se malcrían, este niño solo quiere brazos, tiene que aprender a calmarse solo… Hoy sabemos que los brazos no malcrían, los brazos protegen, apoyan, calman, abrazan. Que el porteo nos facilita la vida. Y que el tiempo pasa demasiado rápido como para no disfrutar del placer que supone ver dormir a un bebé en tus brazos.

La lactancia en todas sus facetas, en los 80’s y ahora. Que si demasiado teta, que si biberón, que si teta demasiado tiempo, que si teta durante el embarazo, que si teta en tándem… Aquí todavía nos falta mucho trabajo por hacer… Dejemos de meternos en vidas ajenas que no conocemos, respetemos, acompañemos y confiemos en que cada madre hace lo que cree que es mejor para ella, su bebé y para sus circunstancias.

Los hábitos alimentarios en la infancia desde los 80’s han cambiado mucho, por suerte. Ha aumentado la concienciación sobre la importancia de establecer unos correctos hábitos desde que hacen su primer bocado. La importancia de reducir la ingesta de azúcar, de sal, de alimentos poco saludables. La importancia de formarnos en alimentación y de que como familia todos adoptemos mejores hábitos alimentarios, ya que siempre seremos su mejor ejemplo.

Y, por último, nuestro acceso a la información. En los 80’s íbamos al médico o al pediatra y esa era la única información científica que teníamos a parte de los consejos y recomendaciones de amigos, vecinas y familia. Ahora tenemos toda la información sobre la salud de nuestros hijos/as a un clic. Llegamos al pediatra con un máster hecho, con las preguntas preparadas y con todas las opciones posibles estudiadas. Pero qué importante es activar nuestro sentido crítico cuando googleamos sobre salud, buscar fuentes fiables y contrastar.

Reflexionemos sobre cómo ha evolucionado nuestra forma de entender la crianza, evitemos caer en la tentación de activar nuestro piloto automático en la crianza, porque si lo activamos, nuestro cerebro recurrirá a lo que ha vivido, a lo que ya conoce, y estaremos criando como en los 80’s pero en pleno siglo XXI.



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *